Caminar sobre arena, transpirar, esfuerzo. Cada vez los pasos se hacen más pesados, pero se avanza. ¿Será mejor que caminar sobre nubes?
sábado, 12 de junio de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
Paréntesis
Cada cierto tiempo los planetas confabulan, maquinan, se toman la molestia de perder el tiempo planeando. Cada cierto tiempo el alma de la galaxia debe paralizarse. No se trata de un capricho, es una necesidad. Miles de gotas de sudor habrán de estrellarse contra el pasto, millones de corazones romperán los pechos para salir disparados sin temor a chocar con cualquier obstáculo que se atraviese.
Es tiempo de observar, de dejar lo importante para el final; es tiempo de vivir, de sentir en la piel y en cada poro del cuerpo una llama que no ha de apagarse a conciencia. La humanidad jamás fue tan feliz, hombres y mujeres gozan a su estilo, machos y hembras cumplen sus roles, perros y gatas se mezclan en la muchedumbre.
Es un viento demasiado helado (y a la vez hirviente), no sólo despeina sino también empuja. Y empuja fuerte, te caes pero ríes. Vuelve a empujarte y hasta te arrastra. Pierdes un zapato, también la billetera, pero no importa. Y mientras eres un muñeco de trapo tirado de unas cuerdas, gozas sometiendo tu cuerpo al suelo, a las piedras, a los vidrios. Luego te pondrás de pie, sonreirás y cuando menos lo pienses habrás ganado.
Al final, este tiempo pasará, y el orden natural del mundo regresará: cada cosa a su cajón. Pero eso sí, mientras dure el mundial de fútbol, las ráfagas de emociones brotarán a cada instante. Si no lo crees, lo siento. Estas cosas se viven, no se pueden explicar.
lunes, 7 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
¡Huelga!
Prohibido sentir la brisa del mar en el rostro
Prohibido despertarse con los ojos abiertos
Prohibido disfrutar una caricia
Prohibido sonreír
Prohibido cerrar los ojos y estar calmado
Prohibido acurrucarse en presencia de alguien
Prohibido fluir
Prohibido sincerarse, menos confesarse
Prohibido juguetear con los cabellos
Prohibido dar la mano
Prohibido rozar
Prohibido oír melodías dulces
Prohibido querer
Prohibido querer ser
Prohibido halagar y dejar huellas en la mejilla
Prohibido escribir, pensar, soñar
¡Es la huelga! ¡Es la huelga! ¡Saquemos los carteles, salvemos lo prohibido! Todos iremos en rondas, por las calles, caminando juntos mostrando nuestras prohibiciones, enorgulleciéndonos, siendo felices al expresarlo, al manifestarlo, porque lo hacemos porque lo sentimos, realmente lo sentimos.
¡Es la huelga! ¿No oyeron? Que suenen los tambores, que suenen los bombos, pero no las tarolas, esta vez necesitamos golpes secos, que lleguen al interior de cada peatón, no queremos golpes de mentira, de desfogue ni de ritmo: queremos golpes sinceros, esos que calan, esos que saben decir sí, o no. Pero bien dichos.
Usen los megáfonos, las banderolas, todos caminando por las plazas, por los parques, que nos escuchen en el mundo entero, que sepan que en estas épocas está prohibido sentir, querer sentir, que sepan que está prohibido ser como se quiere. ¡Es la huelga!
sábado, 5 de junio de 2010
Se aprende
¿Podrás hablar con agujas en la garganta? Complicado. Haciendo el esfuerzo aprendes a dosificar, y sólo dices aquello que sientes, y te guardas lo que piensas. Porque muchas veces los gemelos salen volando con la pierna arriba, sin mirar los daños que pueden causar, porque muchas veces la explosión se lleva todo a su paso, entonces aprendamos de las agujas, duelen pero sirven.
Y allí, en medio del silencio obligado (aunque no siempre voluntario) aprendes a luchar, a trepar, a jalar, y a pisotear a quien quiere ocupar tu lugar en medio de la montaña. Sangre antes que la derrota. Así nos hacemos más fuertes, así creemos más en nosotros, y el que no esté de acuerdo que se deje pisotear. Total, las manos siempre estarán sucias cuando uno se atreve al riesgo.
Escalar ¿Para qué? Para lograr la gloria, nada más ni nada menos. Y que pasen los siglos y hablen de ti, y que en tierras lejanas sepan tu nombre, y que en la mañana y en la noche te recuerden. Nada más placentero que llegar a la cima, levantar los brazos y gritar, gritar tanto que retumbe la galaxia entera, que bailen los planetas, que se tomen de las manos y hagan los pasos de un buen vals, que los ríos detengan su caudal por un momento, que el sol abrace a la luna y la invite al cine, que se detengan aquellos que caminan, que se callen aquellos que hablan, que el mundo observe que hay algo más, que se fijen que existes...
jueves, 3 de junio de 2010
Indestructible
Un candado de hierro, el laberinto de Creta, un grano de arena, el alma. Hay cosas, tan simples, tan raras, tan distintas que no pueden romperse o destruirse, que no pueden variar o debilitarse. Algunas veces producen diálogos con miel, palabras de seda que se amoldan a la piel; otras veces lanzan cuchillos afilados, reafilados, sedientos...
No es saludable, no es adecudado, no es sensato, pero es delicioso, la gloria en un segundo, el placer puesto en pausa eterna. Intentar destruir lo indestructible satisface, incita, empuja. Es cuestión de mortales, y de mortales tontos, ingenuos, guiados por estúpidas creencias en el anclaje de un pensamiento futuro, en el chasquido de dos eslabones al juntarse para formar la cadena. Mentiras son.
La noche es testigo, el día también (aunque más la primera) de todas los árboles plásticos, de las latas de algodón que pateamos a diario y que no van a ningún lado de la vereda. Oscuridad y luz son testigos de esas partes de la mente, tan diáfanas y confusas, que día a día buscan, que día encuentran... aunque no necesariamente aquello que andaban buscando.
martes, 1 de junio de 2010
Agua y aceite
Alguna vez el agua y el aceite se sentaron y vieron el amanecer, juntos. Luego se levantaron y caminaron, sin saber adónde ni por qué. Se sentaron en la plaza, conversaron. Luego fueron a un café, pero no entraron. Prefieren siempre estar de lejos, y de cerca cuando hay silencio.
También discutieron, porque no pueden vivir sin esa confrontación, sin esa rivalidad escondida. Sus miradas se han encontrado, pero las ventanas del alma parecen cerradas, todavía. Si tan solo trabajaran en equipo y cavaran la tierra con la misma intensidad, si tan solo se dieran la mano y así saltar el abismo del pánico, de la alegría y del misterio; si tan solo intentaran eso...
Cada vez que cae el sol planean su encuentro, han aprendido a pasar desapercibidos, transparentes, casi gaseosos. La gente, con capa y sombrero, no se da cuenta de que están allí, a su lado. La gente no percibe que agua y aceite intentan robarles el sombrero, y sacar desde dentro un pañuelo rojo, o tal vez azul.
Es que con el pañuelo, bañado en su propia fragancia, proseguirán con el hechizo que a diario realizan para con los mortales, tan tontos, tan ciegos, tan ellos.
Y así, salen corriendo entre risa y sonrisa, entre gestos y roces.
Hasta que se separan, porque es así, porque no pueden, no deben, no es correcto, no es menester que sigan juntos. Cada uno regresa a su aldea, a refrescarse en las aguas de sus lagos de soberbia, de antinomias, de patrañas. Vuelven a su refugio, y de cuando en cuando, muestran la cabeza, sólo los ojos mirando el horizonte, pero siguen sin saber qué quieren encontrar.
Agua y aceite, ya es hora del exterminio, de la guadaña en el cuello, de la granada en el párpado.
Agua y aceite, ya es hora de iniciar el fin. Lamentablemente, amanecerá otra vez: tarde o temprano volverán a juntarse.
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