Despertar con el frío, la sensación (tantas veces mentada) de escalofrío. Clima gris, perfectísimo para que las lágrimas se guarden bien al fondo del tonel. La mancha se hace enorme; y a pesar de que ahí está el trapo raspando el suelo con todas sus fuerzas, será inútil. Sin embargo, de cuando en cuando se abre la ventana, y un ligero rayo de sol (nunca bienvenido) ingresa. ¿Por qué?
sábado, 11 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
miércoles, 8 de junio de 2011
Danzan los lobos bajo la luna. Noche. Una fogata al centro que se enciende con cada aullido. ¡Qué perdida de tiempo! Si supieran los tontos que la fogata se apagará cuando quiera. No necesita la lluvia, ni sus estúpidos bailes, no necesita nada más que decidirlo.
¿Encajes? Es hasta risible. Un rompecabeza se arma siempre con paciencia y perfección, la sutileza y el cuidado acortan los minutos en ese aspecto. Eso sí, esto se cumple siempre y cuando no sean dos los que lo arman. Porque de ser así, mientras uno coloca, el otro lentamente va quitando la pieza de la esquina. Y cuando miras bien el esfuerzo que hiciste durante tanto tiempo, se convierte en la burla de siempre. Te engañaron. Y no tienes otra que aceptar. Y perdonar. Aunque pareciera irrelevante.
Gulliver viajó mucho hasta que llegó, para su mala suerte, a aquella tierra que le generó tantos problemas. Tal vez algún día entienda el significado de ese lugar. Tal vez no, y siga preguntándose a sí mismo qué fue lo que pasó. Y siga caminando hasta viejo, consternado y confundido, buscando la respuesta a una pregunta que ya habrá desaparecido. Tonto.
Esta noche no hay luz: ni la luna, ni el rompecabezas, ni Gulliver, ni nada. A bailar, es la única salida, que los zapatos quemen el piso, ahora mismo, que salga el polvo, que llegue el sudor, el cansancio, para así poder dormir y olvidar, al menos ficticiamente, todo el estruendo final de la tormenta. ¡Y qué tormenta!
Por ahora es el desenfreno, y la miseria del recuerdo maravilloso en épocas de decandencia.
sábado, 4 de junio de 2011
Son los ríos de la suciedad, de la moral mentirosa (peor aún que la mala moral), son los filamentos de la hipocresía y de los párpados tranquilos en las noches. Son las aguas del libertinaje innecesario, de las tablas de multiplicar que se combinan entre sí, son las líneas del fastidio y el tumulto sabatino. Saturado, inepto.
jueves, 26 de mayo de 2011
Pesadilla
La muerte ha llegado. Pero no tiene capucha ni manto negro, menos capucha. La guadaña parece que la olvidó, en todo caso el hincón se hizo con palabras.
Pero esta muerte no es la del soldado del cuento, ni la de los dibujos animados. Esta muerte es peor, es más infame, porque no mata, deja agonizando. Lo cual, realmente, produce un laberinto tan estrecho y difícil de cruzar como destructivo y reluciente. ¿Y ahora qué hará el ingenuo grillo que se pasó todas las noches rozando las patas para que el silencio no gane la contienda?
Llegaron, en una caja negra, tres semanas tarde pero llegaron. Las facturas color rosa son, ahora, verdes como el color de su alma, cada vez más podrida y revuelta en sí misma.
Las imágenes le explotan, los golpes, las cicatrices, las caricias, las ansias, la sangre, la sed, los nudillos, la cabeza, los cabellos, la pared. La química del delirio y goce físico tan necesario como innecesario. Paradójicamente.
Y las luciérnagas que huelen mal fueron las causantes, y las semillas que adormecen también. Maldita sea la hora de la convivencia de ambas, tan amigas y cómplices en las más grandes felonías de mortales débiles que pierden la razón y no tienen sentimientos. De todas formas está hecho, la pesadilla se cumplió.
Su estigma es la abreviación del impetuoso, estúpido e inquieto litio; y guarda las piezas de un cuadro dividido en cuatro partes: La primera es el símbolo del creador del fuego, la segunda es sagrada como toda una legión de un sólo color, la tercera se muestra imponente y es guardiana de los protagonistas de las ferias de octubre, la última es la muestra concreta del grito de desesperación e incredulidad más grande que puede haber.
domingo, 22 de mayo de 2011
Blackbird
Y entonces, el pájaro negro viendo todo desde la sombra. Silente, cauteloso, apretando las alas y esperando el momento de llegar. Una señal de humo en su interior, interrumpida por sus pensamientos.
Y nuevamente se siente tímido, se esconde detrás de la almohada y debajo de la cama. No quiere que lo vean así, no otra vez.
Esta noche todo quieren bailar, menos él. Porque extraña, y le duele pensar que su jaula lo ha olvidado. Por ratos, el ahogado saca la cara fuera del agua y respira. Pero la mayor parte del tiempo está sumergido. Ni las brazadas ni patadas de desesperación podrán ayudarlo. Y su muerte lenta se prolonga haciéndole pagar por sus miserias, por su ser.
Pajarillo negro quiere estirar las alas y abrazar a su estrella contagiándole su buena fe. Pero no puede, no depende de él, primero tiene que llegar la noche. Tal vez.
A paso lento se cocina un banquete, el más delicioso e insípido, el más fino y manchado, el más inquieto y petrificado. Al final, eso sólo lo sabe el destino. Y si le das una pista? Una nada más, es que las ganas de dormir al lado de una ninfa son más fuertes que diez terremotos juntos. Una sonrisa en la mente, una caricia aprendida y conocida que transforma las pesadillas en dulces sueños.
Hasta dónde llegarás?
Resiste, cree, confía.
Esperanza necesaria y traicionera, le haces recordar mucho cuando encontró su jaula por primera vez, le haces recordar esas noches de dudas, caminos incorrectos, incertidumbres y preguntas. Le haces recordar que sobrevoló parques sin bancas, olas de fuego, ventanas, muros y todas esas cosas que hicieron tan increíble su historia, la historia del pajarillo negro y su jaula.
Y nuevamente se siente tímido, se esconde detrás de la almohada y debajo de la cama. No quiere que lo vean así, no otra vez.
Esta noche todo quieren bailar, menos él. Porque extraña, y le duele pensar que su jaula lo ha olvidado. Por ratos, el ahogado saca la cara fuera del agua y respira. Pero la mayor parte del tiempo está sumergido. Ni las brazadas ni patadas de desesperación podrán ayudarlo. Y su muerte lenta se prolonga haciéndole pagar por sus miserias, por su ser.
Pajarillo negro quiere estirar las alas y abrazar a su estrella contagiándole su buena fe. Pero no puede, no depende de él, primero tiene que llegar la noche. Tal vez.
A paso lento se cocina un banquete, el más delicioso e insípido, el más fino y manchado, el más inquieto y petrificado. Al final, eso sólo lo sabe el destino. Y si le das una pista? Una nada más, es que las ganas de dormir al lado de una ninfa son más fuertes que diez terremotos juntos. Una sonrisa en la mente, una caricia aprendida y conocida que transforma las pesadillas en dulces sueños.
Hasta dónde llegarás?
Resiste, cree, confía.
Esperanza necesaria y traicionera, le haces recordar mucho cuando encontró su jaula por primera vez, le haces recordar esas noches de dudas, caminos incorrectos, incertidumbres y preguntas. Le haces recordar que sobrevoló parques sin bancas, olas de fuego, ventanas, muros y todas esas cosas que hicieron tan increíble su historia, la historia del pajarillo negro y su jaula.
viernes, 6 de mayo de 2011
Sonatina
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, qui
ere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».
Ruben Darío
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